Entre la esperanza y la incertidumbre los desplazados por el conflicto en Apure

Imagen cortesía.

«Nos mandaron a desalojar por el conflicto armado que hay allá”, dijo la venezolana Yerli Mangual, al resumir lo que describió como los momentos más difíciles de su vida a causa de los enfrentamientos entre la Guardia Nacional Bolivariana y la disidencia de las FARC en la frontera colombo-venezolana.

Los enfretamientos entre guerrilleros organizados en el ahora conocido Frente Décimo Martín Villa y guardias venezolanos, empezaron el 21 de marzo pasado, generando el desplazamiento de 6.000 venezolanos del estado Apure a Colombia.

«Las familias que mataron en ese día, los sacaron de la casa, de su hogar y se los llevaron y los asesinaron. Es una situación muy dolorosa», cuenta Yerli.

Estos choques armados entre la Guardia Nacional Bolivariana y los grupos ilegales colombianos han generado la ejecución de personas, detenciones arbitrarias, el procesamiento de civiles ante tribunales militares, y torturas contra los habitantes acusados de colaborar con grupos armados.

Entre tanto, el río Arauca sigue siendo la ruta de comunicación y de escape de los habitantes de La Victoria en Apure, que huyen de los combates. Estas aguas, que separan a Colombia y Venezuela, son el puente por el que cruzan decenas de ciudadanos venezolanos buscando alimentos, refugio y un mejor mañana.

Ante la situación de inseguridad, y más allá de la política, los venezolanos que ahora viven en albergues en Arauquita en Colombia, dicen que lo que más desean es retornar a su rutina, de la que añoran, hasta las cosas más sencillas.

“A la semana que ya estábamos aquí, regresé por los animales porque estaban solos allá, aguantando hambre; la lora, el loro, el perro. La gata la tenía aquí, pero la llevé otra vez a la finca porque no caminaba, solamente amarrada”, dijo Carlos Javier Soteldo.

Con el pasar de los días, la esperanza puesta en volver a casa se llena de incertidumbre. Así lo cuenta Soteldo, de 20 años, y quien salió junto a su esposa huyendo de los disparos y las amenazas. Ahora encara su presente con entereza, y dice que extraña la vida de antes.

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