El juramento presidencial fuera del Congreso sería inconstitucional

Faltan pocos días para que en la Argentina se produzca un hecho histórico: por primera vez desde que existe el peronismo, un presidente constitucional que no pertenece a esa agrupación política habrá podido iniciar y culminar un período completo.

El último caso de esta naturaleza tuvo lugar entre los años 1932 y 1938 y fue coincidentemente el otro ingeniero, aunque también militar: Agustín Pedro Justo.

Desde el año 1994, como consecuencia de la reforma constitucional, los períodos presidenciales duran cuatro años. Y si bien la Carta Magna no establece un día de inicio, desde el año 1983 -año en el que los militares- entregaron el poder a un jefe de Estado civil, los períodos inician y terminan los días 10 de diciembre.

En 1989 la renuncia de Raúl Alfonsín hizo que el Congreso de la Nación determinara que Carlos Saúl Menem, quien ya había sido popularmente electo para gobernar en el período 1989-1995, comenzara su mandato a partir del 8 de julio de 1989 y por seis años. Esta decisión acortó de manera inconstitucional un período que debía culminar el 10 de diciembre de ese año. Menem debería haber culminado el período inconcluso de Alfonsín, y luego iniciado aquel para el cual se lo había elegido. Sin embargo, se dispuso que el período del riojano terminaría el 8 de julio de 1995.

Raúl Alfonsín entrega la banda y el bastón presidencial a Carlos Menem, que llegó antes al gobierno por la crisis institucional que demolió a la administración radical

Raúl Alfonsín entrega la banda y el bastón presidencial a Carlos Menem, que llegó antes al gobierno por la crisis institucional que demolió a la administración radical

Durante la reforma constitucional de 1994 se agregó una disposición transitoria en el texto: se dispuso que quien debiera gobernar en el período 1995-1999 iniciaría su gestión el 8 de julio de 1995 pero lo terminaría el 10 de diciembre de 1999. Es decir, se estableció un período presidencial y excepcional atípico de cuatro años y cinco meses. La influencia de Alfonsín como convencional constituyente había sido decisiva para lograr que los períodos presidenciales volvieran a comenzar los “10 de diciembre”.

Finalmente fue Menem quien, reelección mediante, gobernó durante ese especial período presidencial de cuatro años y cinco meses. Al finalizarlo, se convirtió en el presidente argentino que más cantidad de años seguidos gobernó en la Argentina. Julio Argentino Roca ostenta el récord de la mayor cantidad de años, pero estos se sucedieron en dos períodos separados de seis cada uno. Y Juan Domingo Perón, en sus tres mandatos, no llegó a gobernar sino diez años frente a los diez y medio del riojano.

Desde 1999 se ha respetado la fecha de inicio y finalización de los períodos presidenciales. Esto sucedió aún en el caso de Néstor Kirchner, quien, si bien asumió el 25 de mayo de 2003, lo hizo para terminar el período que Fernando de la Rúa había iniciado en 1999 -y que luego habían seguido Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde– para luego iniciar el período 2003/2007 para el cual el santacruceño había sido popularmente elegido.

Néstor Kirchner en su toma de posesión

Néstor Kirchner en su toma de posesión

Tampoco está constitucional ni legalmente prevista la hora en la que los primeros mandatarios comienzan sus gestiones. Sin embargo, sí es claro que ellas se inician cuando el presidente entrante presta el juramento previsto en el Art. 93 de la Constitución Nacional: “desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de Presidente de la Nación”, así como también de “observar y hacer observar la Constitución de la Nación Argentina”.

En la historia argentina jamás hubo necesidad de definir esta cuestión, ya que la lógica y razonabilidad de los presidentes salientes, de común acuerdo con los entrantes, evitó que ello constituyera un problema. Sin embargo, cuando en el año 2015 llegó el final de la presidencia de Cristina Fernández, y fue necesario entregar el mando Mauricio Macri, se puso en evidencia la mezquindad de la mandataria saliente.

Como si la emblemática Casa Rosada fuera propia, se negó a que la ceremonia de entrega de los símbolos de mando (bastón y banda presidencial) se hiciera allí, como lo indica la tradición. La megalómana futura vicepresidente de la Nación reconoció en su libro reciente (“Sinceramente”) que no podía aceptar entregar los atributos de mando a un enemigo. Es indudable que para la exmandataria prevalecen los rencores personales antes que la institucionalidad.

Es cierto que el 25 de mayo de 2003, Néstor Carlos Kirchner había recibido los atributos de mando en el Congreso de la Nación, al igual que la misma Cristina en el año 2007. Pero también allí se rompió la tradición según la cual los presidentes prestan juramento en el Congreso y reciben los atributos de mando en la Casa Rosada.

Ahora se está evaluando la posibilidad de que el acto de juramento se realice en la Casa Rosada, en el mismo momento en el que se entrega, al presidente que llega, la banda y el bastón de mando. Sin embargo, ello sería inconstitucional y por lo tanto la asunción sería nula. El Artículo 93 de la Carta Magna establece claramente que “el presidente y el vicepresidente prestarán juramento en manos del presidente del Senado y ante el Congreso reunido en Asamblea…”

Se denomina “Asamblea Legislativa” a la unión de las dos cámaras juntas del Congreso, y por lo tanto es en dicho órgano de gobierno en el que deben los presidentes prestar el juramento constitucional de asunción.

La Asamblea se limita a presenciar el acto, sin que sea necesaria aprobación alguna, ni quórum determinado, toda vez que la proclamación legislativa del presidente y vice se realizará con antelación; pero si Alberto Fernández prestara juramento en la Casa Rosada, sin la presencia de los legisladores reunidos en “Asamblea”, el juramento sería nulo y por lo tanto no habría nuevo presidente en ejercicio. Ello conllevaría a una situación de acefalía, puesto que las autoridades salientes culminan necesariamente el próximo 10 de diciembre.

Digamos que si los presidentes y vicepresidentes juran observar y hacer observar la Constitución Nacional, sería bueno que se comience por observarla desde el principio, aún cuando de inmediato deban transgredir una norma de tránsito al trasladarse en automóvil hacia la Casa Rosada desde el Palacio Legislativo por la Avenida de Mayo… a contramano.

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