La noche en la que Saúl casi pierde un riñón

Desde 2015, Saúl Ñíguez (Elche, 1994) lleva tatuada una frase en su muñeca izquierda que besa con fuerza cada vez que marca un gol: «La fuerza no proviene de la capacidad corporal sino de la voluntad del alma». La cita no es suya, por supuesto, pertenece a Mahatma Gandhi. Pero él es quien la luce por los campos de Europa. Es la cicatriz de su experiencia vital más angustiosa. La vivió (y la padeció) en marzo de aquel mismo año, sobre el césped del BayArena de Leverkusen. Tenía sólo 20 años cuando el robusto central griego Papadopoulos le embistió y machacó su riñón izquierdo, durante la ida de octavos de final de la Champions. El mismo del que ya había sido operado en sus últimos días de cesión en el Rayo (mayo 2014). Saúl fue trasladado al hospital entre temblores, vómitos y convulsiones y allí le hicieron un TAC. «El susto fue tremendo porque el choque había sido muy fuerte. Se quedó unos días ingresado en Alemania junto al doctor Villalón. Su recuperación fue lenta», recuerda a este periódico Juan Vizcaíno, que formó parte del cuerpo técnico de Simeone hasta el verano de 2018. Fueron concretamente cuatro los días que permaneció ingresado el jugador junto a su padre y el doctor y 38 los que necesitó para volver a disputar un partido oficial.

«Era habitual orinar sangre después de cada partido o sesión. No entendía otra cosa: si tenía que ir al baño, sabía que iba a salir rojo», se sinceraba el centrocampista dos años después de aquel episodio, tras vivir ese tiempo con un catéter. En aquellos días, el ‘Mono’ Burgos resultó decisivo para abrirle los ojos y quitarle la idea de extirparse un órgano que pudo haberle complicado el futuro. Su zurdazo teledirigido a la escuadra de Leno, portero del Bayer, en aquella ida también de octavos de 2017, fue como una suerte de catarsis para él. Desde el borde del área, a unos metros del lugar donde quedó tendido y su vida pudo dar un vuelco, espantó sus fantasmas. Horas antes, quedó con el doctor alemán que le atendió en 2015 y le regaló una camiseta y unas cuantas fotos suyas firmadas como agradecimiento. Este martes, durante el último entrenamiento antes volver a medirse al Bayer, todo aquello había quedado atrás como si sólo hubiera sido un mal sueño.

Hoy en Alemania, jugarán Saúl y 10 más. Bueno, más bien Saúl, Oblak y nueve más. El centrocampista es el único rojiblanco que ha disputado los 15 partidos de la temporada de principio a fin: 1350 minutos. El guardameta esloveno se marchó tocado en Anoeta cuando aún restaban 24 minutos de juego. «No me sorprende todo lo bueno que le está pasando, ya lo apuntaba en sus inicios», sostiene Juan Vizcaíno. «Es muy joven y tiene una gran condición física. Su forma de prepararse también es clave», añade sobre una pieza intocable para Diego Pablo Simeone, que sólo se ha perdido por lesión 11 partidos en las cinco temporadas y poco que lleva en el Atlético. Cinco de esas ausencias se debieron a su problema en el riñón. El curso pasado sólo Oblak y Griezmann jugaron más que él: 3.911 minutos. Y en la 17/18, superó a todos: 4.751 minutos. Cosas de la genética Ñíguez: su padre (José Antonio) y sus dos hermanos (Aaron y Jonathan) también han sido profesionales.

DERECHO DE TANTEO DEL BARÇA
Milinko Pantic, uno de los técnicos que llevó a Saúl en el filial, también lo veía venir. «Mentalmente es muy fuerte y sabe lo que quiere. Es muy profesional y le gusta mucho el fútbol», cuenta a EL MUNDO el ex jugador serbio. «Coincidí con él cuando tenía 17 años y ya se veía el tipo de jugador que sería. Su polivalencia le permite jugar en varia posiciones, de ahí que haya muchos equipos detrás de él», abunda Pantic. El sábado pasado, en el Pizjuán, empezó como mediocentro y acabó como carrilero izquierdo. Simeone, igual que hizo Paco Jémez en el Rayo, le ha llegado a reclamar hasta como central. «Ver la cantidad de sitios donde puede jugar dice por qué no se ha perdido ningún minuto», explicaba ayer su técnico, en la sala de prensa del estadio alemán, cuyo césped no pasa por sus mejores días.

Su estilo de juego gusta sobre todo en la Premier. Allí el Manchester United nunca ha escondido su interés. Desde febrero le representa la agencia británica Stellar Group, propiedad de Jonathan Barnett, el agente con sombrero que lleva a Gareth Bale y, también, a su nuevo compañero Kieran Trippier. Saúl renovó hasta 2026 en el verano de 2017 y desde entonces su libertad cuesta 150 millones. Como parte del pago por Griezmann, según desveló EL MUNDO, el Barça tiene derecho de tanteo por él. «Es muy polivalente y ocupa muchas posiciones (cualquiera en el centro del campo). Su mayor potencial es la llegada desde segunda línea», completa su análisis Vizcaíno, para quien no ha sido ninguna sorpresa que, desde el verano, sea el cuarto capitán por detrás de Koke, Oblak y Giménez: «Era de esperar. El peso en el vestuario se demuestra con hechos y Saúl ha evolucionado». Tras el empate frente al Valladolid, ya ejerció como tal, levantando la voz por la desconexión del equipo en la primera parte.

El ‘8’ rojiblanco es también una suerte de talismán para su equipo. Nunca ha perdido cuando ha marcado: 31 victorias y cuatro empates en los 35 goles firmados en 264 partidos. En su primer día, frente al Besiktas, durante la Europa League 2012, sólo tenía 17 años, 3 meses y 18 días. Siempre con esa venda rojiblanca en la mano derecha por una antigua lesión. «Me siento más protegido con ella», admite. Y no suelen ser tantos cualquiera. Su glosario es delicioso. Aquella volea que desequilibró la final Supercopa de Europa 2018 en Tallin. La chilena en su primer derbi ante el Real Madrid (2015). El eslalon frente al Bayern de Guardiola (2016). O el precioso zarpazo redentor frente al Bayer Leverkusen, en 2017, sobre el BayArena que hoy querrá volver a conquistar.

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