El FMI anticipa un brusco frenazo mundial y cree que la guerra comercial costará 600.000 millones en 2020

Justo en el día en el que la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha vuelto a intensificarse, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha anunciado su estimación del coste del conflicto: el equivalente de la economía de Suiza. Eso significa 700.000 millones de dólares, o 637.000 millones de euros, según ha declarado la nueva directora gerente de la institución, Kristalina Georgieva, en su discurso inaugural tras tomar posesión del cargo, el pasado día 1, en sustitución de la francesa Christine Lagarde, que va a presidir el Banco Central Europeo (BCE).

Georgieva ha sido muy clara en su análisis: los conflictos comerciales traerán «una ralentización sincronizada» de la economía mundial. Es una manera de preparar una rebaja de las previsiones de crecimiento en el informe Perspectivas de la Economía Mundial, que se publica justo dentro de una semana en Washington. La institución prevé un descenso del crecimiento en el 90% de la economía mundial, que, según Georgieva, hará que «el crecimiento sea el más bajo desde principios de la década, cuando la crisis estaba todavía afectando de lleno a Europa.

En su última previsión, publicada en julio, el FMI preveía un crecimiento del PIB mundial del 3,2% este año y del 3,5% el que viene. Era una décima menos que lo proyectado apenas tres meses antes, aunque, ahora, el agravamiento de las tensiones comerciales, sobre todo entre Estados Unidos y China, hace prever una nueva revisión a la baja. Ahora, la gran cuestión es si el crecimiento caerá por debajo de la barrera del 3%.

La nueva directora gerente del Fondo ha criticado indirectamente a China, aunque sin n nombrarla, al definir como principales problemas en la economía mundial una serie de prácticas que coinciden exactamente con la política comercial e industrial del gigante asiático: «subsidios, derechos de propiedad intelectual, y transferencias de tecnología». Según Georgieva, esas son áreas en las que las políticas de los países deben cambiar para evitar que la crisis vaya a más, o que se impongan una serie de cambios estructurales que cambien la economía mundial para peor durante al menos una generación. Entre esos riesgos, la economista húngara citó «la ruptura de las cadenas de suministros, sectores comerciales encerrados en silos, y un ‘muro de Berlín digital’ que obligue a los países a elegir entre sistemas tecnológicos diferentes», fundamentalmente uno estadounidense y otro chino.

La llamada de atención del Fondo llega el día en el que Estados Unidos ha prohibido cualquier tipo de operaciones en Estados Unidos – incluyendo compra de equipos – a 28 empresas tecnológicas chinas, entre ellas los 3 líderes en reconocimiento facial, por su colaboración con las autoridades de Pekín en la represión contra «uigures, kazajos, y otras minorías musulmanas» en China. El Gobierno chino ha lanzado desde hace años una masiva campaña de control político en el Oeste del país, donde se concentran más de 40 millones de musulmanes, que ha incluido el internamiento de millones de ellos en ‘campos de reeducación’ y el desarrollo de sistemas de identificación y seguimiento electrónicos basados en Inteligencia Artificial. Es la primera vez que el Gobierno de Donald Trump impone sancines a China por su politica de violación de los Derechos Humanos.

Más impacto ha tenido en el mercado el reconocimiento por el Gobierno de Donald Trump, de que Washington sigue trabajando en una posible prohibición a los fondos de inversión de los empleados federales de Estados Unidos – incluyendo a las gestoras de las Fuerzas Armadas – de realizar inversiones en China. La decisión, de llevarse a cabo, supondría una restricción de los flujos de capital de EEUU a China, peor también dañaría a los inversores estadounidenses, puesto que reduciría el valor de sus carteras en China. Wall Stree reaccionó con bajadas ante la noticia, mientras que la rentabilidad de la deuda estadounidense volvió a caer en previsión de más bajadas de tipos de interés para reactivar una economía que continua frenándose.

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