Donald Trump reaviva la guerra en Siria: las claves de la retirada de tropas de EEUU

Una nueva batalla se cierne sobre el atribulado tablero sirio. El ejército turco se amasa en la frontera, mientras sus brigadas árabes aliadas, originalmente grupos armados opositores que han renunciado a su misión, se preparan para cruzar al este del río Éufrates. Su objetivo es acabar con la autonomía que una organización kurdosiria, estrechamente ligada a la guerrilla kurdoturca PKK, pergeñó en el norte sirio y consolidó gracias al apoyo de Occidente, por su papel crucial en la lucha contra el Estado Islámico (IS).

En el pasado, el presidente Recep Tayyip Erdogan y el entonces cabecilla de la administración kurdosiria, Salih Muslim, dialogaron en busca de un encaje político, sin éxito. En paralelo, la concatenación de parches que EEUU tramó en su guerra contra el IS, dando paulatinamente armas y poder a una formación kurda que Ankara considera «terrorista», acabó llevando sus relaciones con su socio en la OTAN a un punto de casi ruptura. Ahora, el impredecible Trump da el puñetazo al tablero para que Erdogan lo ponga patas arriba.

¿QUIÉNES SON LOS KURDOS DE SIRIA?

Son la primera minoría étnica del plural país. Conforman entre el siete y el quince por ciento de la población, aunque son estimaciones. La autoridad baazista les negó la identidad a la mayoría, tildándolos de inmigrantes de Turquía, los reprimió e impuso salvajes políticas demográficas, que incluyó la creación de un ‘cordón árabe’ en sus zonas del norte de Siria. Las principales ciudades kurdosirias están a lo largo de la línea fronteriza, resiguiendo una extinta línea de ferrocarril o replicando a poblaciones fronterizas turcas, con quienes mantienen numerosos lazos vecinales. Su suerte cambió cuando en 2012, debido al alzamiento sirio, las tropas sirias tuvieron que dejar su área para combatir la revuelta en otras provincias.

Aquel vacío permitió al PYD, la rama kurdosiria del PKK y fuerza dominante, liderar una administración inspirada en los principios políticos del fundador del PKK, Abdullah Öcalan. Todo estuvo a punto de irse al traste en 2014, cuando el IS asedió Kobane. Pero la ayuda turca, dando apoyo logístico y permitiendo el acceso de soldados kurdoiraquíes peshmerga, y la aviación de la coalición internacional anti IS cambiaron las tornas. Aquella victoria forjó la alianza EEUU – kurdos, que ahora amaga con terminar.

El ex presidente Obama siempre evitó combatir directamente al Gobierno sirio. Aparte, sus experimentos de patrocinio de brigadas árabes opositoras no hicieron más que cebar a las formaciones extremistas, Al Qaeda a la cabeza. Los kurdos, pasivos con el régimen demostraron, pese a su ideología totalitaria y sus lazos con el PKK, ser la fuerza más fiable contra el IS. Durante la campaña, a fin de rebajar el perfil etnonacionalista y facilitar así su avance a zonas árabes, EEUU integró las fuerzas kurdas hegemónicas en una alianza multiétnica de fuerzas, conocida como Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). En su campaña contra el IS, eliminando una amenaza de Occidente, las FDS han perdido más de 11.000 efectivos.

¿QUÉ VA A HACER EEUU?

Donald Trump, con un apetito nulo por las aventuras bélicas en tierras lejanas, lleva desde finales del año pasado coqueteando con la posibilidad de replegar todas sus tropas en Afganistán y Siria. Sólo la presión de su entorno, recordándole que el IS no está acabado, o que su presencia en Siria sirve para confrontar a Irán, parece haberlo evitado. El argumento principal del Presidente de EEUU es que el ‘califato’ físico del IS ya fue derrotado a principios de este año y que, para colmo, su país está acarreando con gran parte de los costes del sistema penitenciario kurdosirio, donde languidecen miles de prisioneros del IS.

Aunque la semana pasada Trump apuntó vía Twitter a una retirada total del país, por el momento sólo se han retirado dos pequeños contingentes estacionados en las poblaciones fronterizas de Ras al Ayn y Tel Abyad. Su función era blindar la «zona de seguridad» pactada inicialmente por Turquía y EEUU el pasado agosto, precisamente para evitar el ataque que ahora podría ser inminente. Sin una señal clara de Washington, se cree que, por ahora, las tropas estadounidenses en Siria, un millar según el último recuento, sólo se retirarán de las zonas fronterizas.

¿QUÉ VA A HACER TURQUÍA?

Erdogan trasladó a la Asamblea General de la ONU un plan para establecer una franja de mínimo 30 km de profundidad por todo el norte de Siria. «Si esta zona de seguridad puede declararse, podemos reasentar con seguridad algo así como entre uno y dos millones de refugiados. Ya sea con EEUU o con la coalición, o con Rusia o Irán, podemos trabajar codo con codo, mano con mano, para que los refugiados puedan reasentarse, salvándoles de tiendas de campaña y casas contenedor», ofreció el dirigente turco.

La propuesta, de Turquía – que acoge a cerca de 3,5 millones de refugiados sirios – es un caramelo para los gobiernos occidentales, reacios a acoger a víctimas de las guerras de la región. El plan, sin embargo, supone acabar, de facto, con la autonomía informal kurdosiria, pues implica adueñarse de sus principales sedes. Por ello, los kurdos denuncian que Turquía persigue, ante todo, suprimir su poder político para evitar que aquellos kurdos de Turquía que compartan ideología similar pretendan imitarles.

El fin de semana pasado, en una conversación telefónica, Erdogan arrancó a Trump la concesión que llevaba meses esperando con ansia. Y aunque posteriormente Trump ha amenazado con «devastar» la economía turca si, en su «sabiduría genial e inigualable», considera que Turquía rebasa sus particulares y desconocidas líneas rojas. La realidad es que Ankara prepara una penetración que podría comenzar por las poblaciones fronterizas de Tel Abyad y Ras al Ain, partiendo territorio kurdosirio.

¿QUÉ CONSECUENCIAS TENDRÍA LA OFENSIVA?

Tras la derrota de su pseudocalifato terrenal, el pasado marzo, el IS pasó de ser un protopaís a una organización insurgente clásica, sin ánimo de retención territorial, pero organizada y capaz de golpear en casi cualquier sitio. En una serie de tuits, el ex enviado de EEUU para Siria, Brett McGurk, se despachó contra Trump. Trapos sucios aparte, enfatizó: «La entrada por la fuerza de Turquía en el NE de Siria amenaza con fracturar las FDS, sacando a sus combatientes de los antiguos bastiones del IS, abandonando las prisiones del IS y haciendo imposible que las fuerzas de EEUU puedan permanecer sobre el terreno en pequeño número, con un nivel aceptable de riesgo». O sea, defenderse frente a Turquía hará flaquear la inestable retaguardia. Además, según organismos internacionales, un ataque turco podría provocar al menos 300.000 desplazados.

El comandante en jefe de las FDS, Mazlum Kobane – él mismo una figura relevante del PKK en el pasado -, ha advertido esta semana de que sus fuerzas se verán forzadas a «priorizar» la defensa «de sus familias», en la frontera, a la guardia de las prisiones del IS. Según las FDS, en ellas hay 12.000 miembros del IS. Aparte, en campos como el infame de Al Hol, permanecen 70.000 viudas, esposas e hijos de yihadistas. Un problema añadido es que sus países de orígen siguen desentendiéndose de ellos, alargando su estancia.

Al Hol está siendo escenario de brotes de violencia promovidos por las mismas mujeres, cuya radicalización, en aquellas condiciones de vida, sólo va a más. Al mismo tiempo, las múltiples células durmientes del IS, presentes en toda la región, siguen hostigando a las FDS y, en las últimas horas, las hostilidades parecen haberse crecido a la lumbre de las noticias. El Estado Islámico siempre ha explotado las fracturas en las filas enemigas y el caos reinante para imperar su orden. Ahora, podría volver a ocurrir. Con el añadido de que algunas de los milicianos que acompañarán a Turquía en su ofensiva profesan una ideología no tan alejada de los principios del mismo IS, abriendo la puerta no sólo a un profundo cambio demográfico en la zona kurdosiria, sino también a un giro ideológico, pasando de un control secular a uno islamista. Así ocurrió en Afrín, la región kurda que Turquía invadió a principios de 2018, donde, pese a la floreciente reconstrucción patrocinada por Ankara, la seguridad inestable, la represión de los vecinos acusados de simpatizar con la administración kurdosiria y el pillaje se han prodigado desde entonces.

¿QUÉ HARÁ EL GOBIERNO SIRIO?

Damasco ha reiterado su intención de recuperar «cada centímetro de Siria». Eso incluye, lógicamente, las zonas de las que se retiraron parcialmente en 2012 – el Estado baazista siempre ha mantenido el control del centro de Qamishlo, la principal ciudad kurdosiria, y Hasaka, al este -. Sin embargo, no parecen dispuestas por el momento, a abalanzarse sobre la zona que ahora Turquía amenaza con invadir. La prioridad del presidente Bashar Asad está siendo la provincia de Idlib, el último gran bastión opositor.

La principal fuente de sospechas es Rusia, el puntal principal de Asad. Moscú no se pronuncia respecto al proyecto turco, lo que hace, a muchos observadores, sospechar que la ofensiva turca cuenta con el visto bueno del Kremlin. Las mismas FDS han especulado con la posibilidad de que las fuerzas oficialistas aprovechen la entrada turca para lanzar su propia penetración en territorio kurdo desde el sur, aunque, por el momento, no se ha anunciado como un acuerdo kurdos – Asad, con el que disuadir a Ankara.

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