Joaquín de Luz: «En estos meses de investidura fallida no he oído la palabra cultura ni una vez»

«¿Que en qué puede mejorar la danza? Las cifras me avalan: el Auditorio Nacional tiene siete veces el presupuesto de la Compañía Nacional de Danza (CND). En España hay 100 orquestas públicas y sólo dos compañías de danza. En Alemania, hay más de 60 compañías de danza, cada una con su teatro. Nosotros no tenemos el nuestro. El presupuesto anual de la CND (1,7 millones de euros) es lo que gasta en una temporada el New York City Ballet en zapatillas de punta…». De esta forma tan gráfica relata Joaquín de Luz (Madrid, 1976) lo precaria que es la situación de la única compañía estatal en España dedicada a la danza clásica, en la que ha empezado su dirección.

La presentación de las actuaciones que la CND ofrece en el Teatro de La Zarzuela del 10 al 22 de diciembre de El cascanueces, de José Carlos Martínez, sobre el original de Petipa y Tchaikovsky, le sirve a su director para alzar la voz: «No hay política cultural en este país y la danza está maltratada. La situación de la danza en España cambiaría si en el Consejo de Ministros se sentara alguien que haya bailado. Una Tamara Rojo, un Nacho Duato…».

«Creo», continúa, «que en estos meses de investidura fallida no he oído la palabra cultura ni una vez». «Si tenemos Gobierno, espero que todo cambie y para bien, para la danza. Vengo de EEUU y allí el 90% del presupuesto de una compañía es privado. Aquí, ni se puede empezar la conversación del mecenazgo. Tengo mecenas que quieren aportar, pero no que su dinero vaya a Hacienda sin pasar por la compañía».

Y dicho esto, el ex estrella del New York City Ballet, Premio Nacional de Danza 2016 y fijo en Nueva York durante dos décadas insiste: «La creación del INAEM me parece un despropósito. Es un sistema disfuncional para la danza. Es como si vas a comprar el pan, tienes al panadero enfrente, pero te aparece una persona en medio. No se sabe bien para qué está. ¿Por qué el Ministerio de Cultura no puede administrar las compañías y los teatros sin una cáscara cerrada como es el INAEM?».

Antes, en comparecencia ante la prensa, Joaquín de Luz, contaba que cuando decía que quería volver a España le llamaban loco… «Tenían razón», añade. El ahora director insiste en lo difícil que es conseguir para la danza una forma de trabajo adecuada: «Los sindicatos, cuando oyeron que dije que el bailarín no puede trabajar como un funcionario, encendieron la luz roja. Me miraron un poco como uy éste…».

«Pero tengo razón», prosigue. «El convenio y el sistema que rigen la CND están mal. Aquí la clase de ballet está incluida en la jornada laboral y no es así en Estados Unidos. Por eso, sólo tenemos tres horas y media para ensayar. Y, por contrato, si quiero traer un ballet de Balanchine me obligan a cinco horas al día de ensayo. O La consagración de la primavera, de Pina Bausch, tienen que ser seis horas y con seis maestros en diferentes salas. Y sólo tenemos dos…».

«No les echo la culpa ni a los sindicatos ni al INAEM, pero les voy a dar caña a ambos», afirma mientras en el escenario de La Zarzuela los técnicos colocan el decorado del ballet que representan las compañías clásicas en todo el mundo por Navidad y que «aquí no vamos a hacer todos los años, porque para hacerlo es básico e imprescindible tener teatro propio».

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