Roger Waters: «La música actual es vano narcisismo»

Roger Waters llega, se sienta y arranca a hablar. Todo seguido. Sin presentaciones. «Bueno, ¿qué quiere saber? [Ríe] ¿Ha oído hablar de Biggles, el personaje creado por W. E. Johns? Tiene una escena en la que los nazis le están torturando y Algernon y Ginger, sus dos compañeros fieles, están fuera de la celda. Cuando sale Biggles, Algernon le pregunta qué le ha pasado y Biggles responde: ‘Bueno, ya sabéis, me han torturado’. Y Algernon: ‘Qué horror, ¿y les has dicho algo?’. Y Biggles responde. ‘No, nada. Aunque sí mencioné que tal vez vosotros supierais algo'». ¿Perdón? «Bueno, quizás es el momento para que sea usted el que hable«, dice y se ríe. Roger Waters (Surrey, 1943) se maneja con modales incendiarios. A sus 76 años, el cofundador Pink Floyd ha convertido cada una de sus apariciones públicas en soflama. A la vez que presenta Roger Waters Us + Them, un documental-concierto grabado en su mayor parte en Amsterdam y dirigido por él mismo en compañía de Sean Evans, repasa la actualidad mundial con una vehemencia cerca del suicidio. La película, recién estrenada, da cuenta de cada una de sus canciones (las inolvidables y las nuevas) de la mano de un tan aparatoso como hipnótico despliegue visual. Todo tan sorprendente como él mismo. «No sé si Boris Johnson es más o menos cerdo que Winston Churchill. Sí es cierto que Churchill estaba mejor educado y hablaba mejor, pero los dos están ahí para defender los privilegios de los ricos. Los cerdos privilegiados de antes son los de ahora». Queda claro.

Cada una de sus conciertos es un ejercicio de denuncia. En Brasil, por ejemplo, vivió unos momentos tensos…
Me advirtieron de que me anduviera con cuidado. Tenía normas muy claras sobre lo que podía y lo que no podía hacer sobre el escenario. La noche antes de las elecciones me dijeron que después de las 22.00 no podía decir nada político usando el micrófono. Así que lo que hicimos fue calcular qué canción íbamos a estar tocando cuando faltaran cinco minutos para las 22.00. Era Welcome to the machine. Decidimos parar en ese momento y dije lo que tenía que decir.
¿Qué dijo?
Básicamente, insistí en que la amenaza más grave que sufrimos en el mundo actual es la del neofascismo populista. Boris Johnson, Donald Trump o Bolsonaro son enemigos del planeta y están puestos ahí por aquellos que sólo defienden sus privilegios. ¿Qué ha ocurrido con Lula en Brasil? Fue encarcelado con pruebas falsas y ahí sigue. Recuerdo que no me dejaron ver a Lula, aunque lo intenté.
Estamos en Italia y con Salvini, otra de sus bestias, en declive…
Es demasiado pronto para pensar que puede estar en declive. La emergencia de la extrema derecha es una amenaza terrible para todos. Piense lo que ocurrió en Alemania entre 1930 y 1934. Cuando se empiezan a reescribir las leyes, como está ocurriendo en Estados Unidos, nos precipitamos al vacío. Después del 11 de septiembre aprobaron la Patriot Act, que legalizaba la tortura. ¡Se han cargado el habeas corpus! Y la gente sigue con su vida normal como si no pasara nada. Pero si eres estadounidense ya no tienes ese derecho básico. Pueden arrestarte y encerrarte sin dejarte ni siquiera hacer una llamada de teléfono. Hay que estar muy pendiente de lo que hacen el poder legislativo y el judicial en los distintos países porque el desastre puede llegar muy rápido. Un día puedes ser libre y al día siguiente estás contra el paredón y te están ejecutando legalmente porque la legalidad es otra.
¿Se siente solo en el panorama musical? En general, lo que se escucha ahora no tiene nada que ver con su implicación política.
No soy ningún experto, pero la impresión que tengo es que el impulso principal de muchos de los que se hacen llamar artistas es completamente narcisista y orientado al consumo. La música actual es vano narcisismo. Me impresiona que no haya más gente protestando por lo que está pasando. Palestina es uno de mis caballos de batalla y me sorprende lo asustados que están los músicos.
Por otro lado, sorprende, como se ve en la película, ver a tanta gente joven en sus conciertos. ¿Le da esperanza en el futuro?
Es conmovedor y me siento muy afortunado de que la gente se identifique con las ideas y los sentimientos de las canciones. Así que, al contrario que algunos de mis contemporáneos, no tengo que ver cómo envejece mi público. La mayor parte de la música popular en la actualidad carece de emoción y de contenido. Es lógico que los jóvenes busquen nuevos significados para su vida allá donde se encuentre. Y yo les invito a que busquen ideas, a que vuelvan a leer 1984 y Un mundo feliz, a que se den cuenta del mundo en el que estamos. Las ideas son buenas. No los iPhones.
 ¿Cuál es el impulso primario social y político que le mueve?
Ya he reducido mis argumentos a uno solo: ¿alguna vez habéis oído hablar de la Declaración de los Derechos Humanos? La ONU pensó que los artículos de esa declaración evitarían en el futuro que nos matáramos los unos a los otros. Y, si se cumpliera, debería ser así.
¿Recuerda la primera vez en que decidió expresar en público sus ideas políticas?
Hablar de política vino antes que escribir canciones. Cuando tenía 15 años era el presidente de los Jóvenes Socialistas de Cambridge. Y mi madre fue miembro del Partido Comunista hasta 1956. Desde siempre se me inculcó que lo único importante era hacer lo correcto. A veces iba a reuniones políticas con mi madre por las tardes. Un día me dijo: ‘¿Sabes dónde nos reunimos? Es un edificio religioso, cristiano, se llaman cuáqueros. No puedo estar de con ellos, porque ya sabes que soy una atea radical, pero nunca olvides que son muy muy buena gente’. Y es una enseñanza importante para un niño. No tienes necesariamente que suscribir su ideología, pero sí tener clara la idea de que las buenas personas están siempre intentando cruzar al otro lado, ser buenos samaritanos, derribar el muro.
 ¿Podría producirse una reconciliación de los miembros clásicos de Pink Floyd?
¿En qué miembro está pensando?
¿David Gilmour?
Creo que puede que tenga que madurar un poco. Yo siempre estoy dispuesto. No todos nos desarrollamos a la misma velocidad, así que no quiero decir que nunca vaya a pasar. Nunca sabes lo que puede pasar. Ahora ya solo quedamos tres…
Entonces quizá sea el momento de volverse a juntar…
¿Pero para qué? Nunca vamos a volver a trabajar juntos. No creo que esa reunión llegue. Quiero a David, es como mi hermano, es uno de mis amigos más antiguos.

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