Víctor Fernández, con la ilusión y ambición de hace un cuarto de siglo

“Una vez más me puede el corazón. Todos mis amigos me decían que no continuara, pero igual soy terco. El Zaragoza no está muerto”, dijo para explicar su decisión de seguir como entrenador.:

La esperada comparecencia de Víctor Fernández Braulio (Zaragoza, 28 de noviembre de 1960) para oficializar que continuará al frente del conjunto maño una temporada más estuvo rodeada de ese halo que acompaña al técnico desde hace un cuarto de siglo: optimismo, valentía, ilusión y mucha seguridad. Hace más de 25 años, el aragonés conseguía mantener al equipo en Primera División tras una dramática promoción con el Murcia y lideraba en los años posteriores a un equipo que fue leyenda. Ahora ha evitado de nuevo un derrumbe todavía mayor y se dispone a afrontar el enorme y complicado reto del ascenso a la máxima categoría justo la temporada en que se celebrarán las ‘bodas de plata’ de la Recopa de París. Y como ya sucediera cuando esta temporada abandonó su tranquila residencia en Sanxenxo para coger las riendas de unZaragoza moribundo al que ha salvado del descenso a Segunda B y posiblemente de la desaparición, Víctor habló de corazón y con el corazón para explicar su continuidad en el equipo maño.

“El cambio de opinión obedece a únicamente a una cuestión sentimental. Una vez más me puede el corazón, mi identificación con este club y esta tierra. Uno no puede ser insensible a todo lo que ha ocurrido en los últimos días. Me veo con fuerzas, con ilusión. Mi carrera la tengo hecha desde hace tiempo. Soy una persona pletórica que pensará con razón e inteligencia para aportar y colaborar en este desafío. Iba a ser muy difícil justificar el sí, pero también el no. Va a salir bien. Estoy feliz. Hay cosas que me molestan mucho del entorno. Esos que dicen que ‘al Zaragozasolo le queda el escudo y la camiseta’. Al Zaragoza le queda el corazón”, insistió.

Y aseguró que “el Zaragoza no está muerto. Si hay más inyección económica mejor, nos va a ayudar, pero la más importante es la de la ilusión, la fe y la convicción. Todos mis amigos me decían que no continuara, pero igual soy terco. Dije que lograríamos la salvación y espero que esto también se consiga. Me estoy mojando mucho. Yo no me bajo de un barco que parece que tiene muchos agujeros y que parece que no va a llegar a puerto. Yo no creo que tenga muchos agujeros. ”

Respecto a las limitaciones económicas, indicó que “soy muy consciente de las posibilidades del club. Los recursos son limitados. Lo ilimitado va a ser la ilusión, trabajo y dedicación por llevar este barco a buen puerto”. Y añadió que “los propietarios no me han dicho el objetivo porque no me lo tienen que decir. Me lo autoimpongo. Voy a luchar por recuperar un sitio que nunca debimos perder. Va a ser un recorrido largo, costoso y difícil, pero tenemos armas para luchar”

Dentro de la extensa comparecencia, Víctor dijo que para lograr el reto “tenemos que cambiar brutalmente la estructura física del equipo. Hay que ir por otro camino para buscar un equilibrio que nos permite avanzar. Va a pasar por una planificación en la que no nos podemos equivocar en ninguna de las decisiones en cuanto a perfiles que necesitamos. Será cuestión de voluntad. Este proyecto no pasa por mí. Soy uno más. Necesitamos la ayuda de todos, unidad”. Por deseo, predisposición y mensaje no será. Víctor sigue siendo Víctor.

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