Trece minutos para matar a Hitler: homenaje al carpintero comunista que atentó contra el dictador

Ochenta años ha tardado la ciudad de Hermaringen (al oeste de Alemania) en rendir homenaje al carpintero Georg Elser, autor de lo que se considera el primer atentado contra Adolf Hitler, el 8 de noviembre de 1939. Este lunes, la ciudad natal del hombre que podría haber cambiado el rumbo de la Historia, lo ha hecho descubriendo un monumento en su honor con la presencia del presidente Frank-Walter Steinmeier.

A diferencia de los oficiales de la operación Valkiria que luego se llevarían la gloria, el carpintero comunista actuó en solitario. Trabajó durante meses en una cantera para hacerse con explosivos y un detonador y, cuando consideró que la bomba de tiempo que construyó estaba lista, se mudó a la ciudad de Múnich. Allí comenzaba la fase mas complicada de su plan.

Era sabido que Hitler, desde su fallido golpe de Estado del 9 de noviembre de 1923, acudía todas las vísperas del aniversario a la cervecería Bürgerbräukeller, un salón con capacidad para 1.800 personas en el que realizaban mítines políticos. La cervecería era muy frecuentada por oficiales, incluido Hitler,y sus discursos incendiarios. Georg Elser decidió que el del 8 de noviembre de 1939 fuera el último. Durante 30 noches, Elser se dejó encerrar en el local. La idea era ahuecar una de las columnas de la cervecería y esconder allí la bomba. Hecho el trabajo, puso en marcha el mecanismo de relojería y abandonó Múnich en dirección a Suiza.

Hitler cumplió con la tradición, pero su discurso fue más breve. Poco después de las nueve de la noche ya había abandonado el local. Trece minutos después, la bomba estalló dejando una estela de destrucción, ocho muertos y varios heridos.

Elser fue detenido en la frontera y puesto a disposición de la Gestapo, torturado y llevado a los campos de concentración de Sachsenhausen y Dachau en calidad de «prisionero especial del Führer». Días antes de finalizar la II Guerra Mundial, el 9 de abril de 1945, fue asesinado de un tiro en la nuca.

En 1964 se hallaron las actas completas de los interrogatorios a Elser. «Quería evitar la guerra», respondió a sus torturadores. Y no, «nunca dudé de lo que hacía», aseguró.

Aunque tardío, el homenaje de la ciudad de Hermanringen a su hijo no es el primero que este carpintero recibe en Alemania: en Berlín cuenta con un monumento desde 2011. Se trata de una silueta de su rostro en acero y 17 metros de altura. Está en la Wihelmstrasser, donde se encontraba el centro de poder nazi y a pocos metros del búnker donde se suicidó Hitler.

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