Cuenta atrás para las elecciones: la remontada de Corbyn pone en peligro la mayoría de Johnson

La remontada de Jeremy Corbyn en la última curva de las elecciones británicas ha forzado a Boris Johnson a cambiar de ruedas sobre la marcha. Fue en el circuito de Red Bull de Milton Keynes, donde el ‘premier’ se puso el mono negro y miró con relativa preocupación hacia el bólido laborista, acercándose ya a nueve puntos y a una semana para el 12D, según el último sondeo de YouGov.

Con el 42% de intención de voto frente al 33% de los laboristas, Johnson se aseguraría 340 de los 326 escaños necesarios para garantizar la mayoría absoluta que persigue a toda costa para culminar el Brexit. Pero una vez rota la distancia de seguridad de diez puntos, los analistas advierten que todo es posible, y el líder conservador se ve obligado a no levantar la vista del espejo retrovisor.

«Es demasiado pronto para cantar victoria», asegura Patrick Dunleavy, profesor de Políticas de la London School of Economics (LSS). «Si la distancia se acorta hasta el 5% o el 7% en los últimos días de campaña, entraríamos ya en territorio peligroso. La mayoría conservadora podría verse comprometida y podríamos tener nuevamente un Parlamento ‘colgado'».

Como sucedió hace dos años, Corbyn ha desafiado a quienes le daban por perdedor y ha logrado cambiar la dinámica de la campaña, hasta el punto de que la sanidad pública se ha convertido en la prioridad de los votantes, por encima del Brexit. El ascenso del Partido Laborista se ha producido a costa del Partido Liberal Demócrata: su nueva líder, Jo Swinson, ha defraudado las expectativas y no ha sabido captar el voto de la permanencia.Todo apunta, entre tanto, a una revancha de los independentistas escoceses, mientras el Partido del Brexit del populista Nigel Farage se queda definitivamente en la cuneta.

EL TECHO DE LOS ‘TORIES’

Tras la subida fulgurante desde la elección de Johnson como nuevo líder, el Partido Conservador parece haber tocado techo. «Han logrado robar casi todo el apoyo posible al Partido del Brexit, pero ya no les queda mucho espacio donde crecer, salvo plantar cara a los laboristas en los escaños marginales», asegura Patrick Dunleavy.

Boris Johnson recibió duras críticas por su intento de politizar el atentado del puente de Londres, pero lo cierto es que el ‘premier’ ha cometido menos deslices en campaña de lo que se esperaba y ha jugado sobre seguro, sorteando incluso la situación de alto riesgo con la visita de Donald Trump a la cumbre de la OTAN (aunque estuvo en el cotarro que bromeó a sus espaldas).

Su mensaje de campaña (‘Get Brexit done’) ha funcionado por su simpleza, aunque los votantes británicos han ido dejando atrás la prioridad de culminar el Brexit y han empezado a valorar en campaña los otros grandes temas de política nacional: el Servicio Nacional de Salud (NHS) y la economía. Su manifiesto personalista funcionó de entrada, pero Johnson se ha visto obligado a poner más sustancia en el asador electoral y explicar qué piensa hacer en los próximos cinco años.

Esta semana ha esbozado su plan para los primeros cien días, con la aprobación del primer presupuesto post-Brexit (si se produce efectivamente la salida de la UE el 31 de enero) y un recorte de impuestos de 115 millones de euros. El primer ministro británico ha prometido una revisión a fondo de la legislación penal para garantizar sentencias más duras, además de 20.000 nuevos policías, 50.000 nuevas enfermeras y una restricción del derecho a la huelga en los servicios públicos. Su doble reto en los últimos días será ir más allá del Brexit, pero apremiar al mismo tiempo a los votantes con el poder de la aritmética: «Prometo absolutamente que si logro una mayoría que funcione, sólo con nueve escaños más, estaremos fuera de la UE el 31 de enero».

LA REMONTADA LABORISTA

Como un inesperado ‘remake’ de las elecciones de 2017, el Partido Laborista ha logrado fulminar la barrera de seguridad en la última semana. Unos lo atribuyen a la «resiliencia» de Corbyn, otros a la tendencia inevitable hacia el voto útil (y a pesar de Corbyn).

«La subida de los laboristas se está produciendo principalmente a costa del Partido Liberal-Demócrata», certifica Patrick Dunleavy. «Los partidarios de la permanencia se lo están pensando dos veces y los indecisos han decidido volver a votar laborista. La duda es si esa tendencia se va a poder mantener hasta el 12 de diciembre y si va a poder comprometer la mayoría absoluta conservadora, como ocurrió hace dos años».

Criticado por los medios conservadores como el manifiesto «marxista», lo cierto es que Corbyn ha vuelto a subir enteros desde que presentó sus propuestas económicas, desde la renacionalización de lo servicios públicos a la construcción anual de 100.000 viviendas públicas. Su neutralidad ante el Brexit en un hipotético segundo referéndum no ha hecho mella en las encuestas.

Su campaña ha sido sin embargo muy efectiva al poner la sanidad pública por delante de todo. En sus mítines, el eslogan más coreado es ‘Not for sale’ (No se vende), en referencia a la venta del NHS a las corporaciones norteamericanas en un hipotético tratado comercial con Estados Unidos.

En cualquier caso, la batalla para la sucesión de Corbyn (en el caso de una sustancial derrota) está ya abierta, con los dos moderados pro-permanencia de su equipo tomando posiciones (Keir Starmer y Emily Thornberry) en competencia con una fiel heredera del espíritu corbynista, Rebecca Long-Bailey.

EL TROPEZÓN LIBERAL-DEMÓCRATA

Tras el segundo puesto en las europeas, el Partido Liberal-Demócrata confiaba en volver a dar la campanada con su mensaje contundente: ‘Stop Brexit’. «La campaña ha sido caótica y contraproducente y la nueva líder, Jo Swinson, no ha dado la talla», reconoce sin embargo Dunleavy.

«Su escasa empatía con los votantes, la falta de una estrategia clara y su renuncia a un posible pacto postelectoral con los laboristas han limitado sus opciones», agrega el profesor de la LSE. «Su apoyo a las políticas de austeridad cuando formó parte del Gobierno de coalición con Cameron ha sido también un gran lastre, hasta el punto de tener que pedir a los votantes… Empezó disparando muy alto y diciendo que aspiraba a ser primera ministra, ahora tendrá que contentarse con no perder su veintena de diputados».

LA REVANCHA DE LOS INDEPENDENTISTAS

El Partido Nacional Escocés (SNP) vuelve por sus fueros. Tras el patinazo en 2017, la ministra principal ,Nicola Sturgeon, ha sabido reconquistar poco a poco el favor perdido con la promesa de un segundo referéndum de independencia en el año 2020, si se consuma finalmente el Brexit. Los sondeos vuelven a dar a los nacionalistas el 44% del voto, frente al hundimiento de los laboristas y la caída inevitable de los conservadores tras la dimisión de la carismática Ruth Davidson (más la impopularidad de Johnson por encima del muro de Adriano).

EL ‘PINCHAZO’ DE FARAGE

El Partido del Brexit, vencedor en las elecciones europeas, está en riesgo de extinción. «Una serie decisiones suicidas han dejado a Farage en los márgenes», concluye Dunleavy. «Primero anunció que él mismo no se presentaría a las elecciones y después retiró la mitad de sus candidatos por las presiones del Partido Conservador, que le ha robado el mensaje». Cuatro eurodiputados del Partido del Brexit (entre ellos, su estrella en Bruselas Annunziata Rees-Mogg) anunciaron ayer su fuga a los ‘tories’. «Todos los desertores están vinculados a los conservadores: una es una hermana de un ministro, otro tiene un novio que trabaja para ellos, otro es amigo de Boris Johnson», declaró Farage, incapaz de digerir el estrepitoso ‘pinchazo’ de su partido fugaz, que podría correr la misma suerte que el moribundo Ukip.

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