Kabul y los talibán intercambian prisioneros para explorar un diálogo

El Gobierno afgano ha tomado una de las medidas más impopulares para impulsar un acercamiento inédito con los talibán. Su presidente, Ashraf Ghani, ha anunciado este martes la excarcelación de tres destacados líderes extremistas, que serán intercambiados por dos profesores universitarios occidentales en manos de esa organización.

En un discurso frente a los medios, el mismo Ghani ha dicho que la negociación para el canje de prisioneros se realizó «con el objetivo de facilitar conversaciones cara a cara con los talibán«, en busca proporcionar «paz y estabilidad». Fue «una decisión difícil pero importante», ha reconocido el líder en funciones, pues todavía se desconoce el vencedor de los comicios del pasado septiembre.

«En consultas con nuestros socios internacionales, especialmente EEUU, hemos adoptado un mecanismo y una estrategia para asegurarnos de que la liberación de estos tres hombres no refuerza al enemigo e intensifica sus ataques», ha matizado, en busca de suavizar la reacción de sus rivales políticos, críticos con este tipo de medidas que, a su entender, vigorizan a los insurgentes.

Los maestros liberados por los talibán son el estadounidense Kevin King, de 61 años, y el australiano Timothy Weeks, de 49. Ambos fueron secuestrados a punta de pistola en 2016, justo a las afueras del campus de la Universidad Americana de Afganistán, donde impartían clases. Ashraf Ghani ha precisado que los rehenes se encontraban en un estado de salud «crítico», lo que apremió a su administración.

A cambio, el Gobierno afgano se va a desprender de tres prisioneros ínclitos: Mali Khan, Hafiz Rashid y Anas Haqqani. «Los prisioneros fueron arrestados fuera del país en cooperación con nuestros aliados internacionales y confinados en [la base militar de EEUU de] Bagram, bajo el Gobierno de Afganistán», ha explicado Ghani. Los tres fueron capturados en 2014 en una operación de envergadura.

Del trío, el caso más peliagudo es el de Haqqani. Se trata del hijo del fundador de la red Haqqani, una sucursal de los talibán basada en Pakistán, pero muy arraigada en suelo afgano, a la que también se ha emparentado con la rama local del Estado Islámico. La elección de tamaños perfiles ha sorprendido hasta en el entorno gubernamental, pues Kabul recientemente se había negado a tal intercambio.

El giro puede tener que ver con la presión de Estados Unidos a Ghani, en busca de forzar un diálogo con los radicales que agilice la deseada retirada de EEUU de Afganistán. La promesa de Donald Trump de retirar tropas de la región estuvo a punto de llevar el verano pasado a un acuerdo con los talibán que ni tan siquiera contaba con la firma de Kabul.

Los talibán se han negado hasta el momento a sentarse cara a cara con el Ejecutivo, pues lo consideran un «títere» de Occidente. Tras la ruptura del diálogo EEUU – talibán, el pasado septiembre, el enviado de Washington para Afganistán, Zalmay Khalilzad, ha reemprendido contactos en Pakistán en busca de un nuevo entendimiento.

El mayor temor en Kabul es que una negociación de alto nivel con los talibán conceda a los extremistas, que gobernaron Afganistán entre 1996 hasta su derrocamiento en 2001, una posición de fuerza que les permita recobrar una amplia cuota de poder. Su agenda ideológica apenas ha cambiado desde entonces, pues siguen oponiéndose, por ejemplo, a los derechos más básicos de las mujeres.

Pero Ashraf Ghani parece estar dispuesto a tomar las riendas de un nuevo proceso de paz. «Hemos dicho que, para alcanzar una paz con dignidad, tenemos que pagar este precio amargo, pero no sacrificaremos los derechos del pueblo, nuestros principios democráticos o los logros y derechos de las mujeres», ha sentenciado el dirigente este martes.

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