Los países europeos deberán elegir antes de abril entre el horario de verano o invierno

La Comisión Europea pisa el acelerador para acabar cuanto antes con el cambio de hora. Bruselas ha informado este viernes de que los países de la UE deberán notificar antes de abril del próximo año si prefieren quedarse de forma permanente con el horario de verano, o si, por el contrario, eligen el de invierno. Ello supone que cada país cuenta con poco más de seis meses para analizar la cuestión y comunicar su opción favorita. El debate es arduo y divide a ciudadanos, empresas e incluso regiones dentro de un mismo país. En juego entran factores como la posición geográfica, el ocio o el turismo. Y sus consecuencias se dejarán notar en la vida cotidiana en asuntos como la mayor o menor presencia de luz a la hora en que los estudiantes van a clase en invierno, o la llegada del anochecer a una hora más temprana o más tardía en verano.

El calendario del Ejecutivo comunitario no da tregua. Los Estados miembros y la Eurocámara deben todavía ratificar la medida.  Este último organismo ha sido el gran impulsor de acabar con el ritual de cambiar la hora, por lo que no se espera que ponga ningún problema, y casi una decena de países de la UE ya han hecho público su respaldo a la propuesta. Bruselas quiere que el último cambio de hora obligatorio sea el 31 de marzo de 2019. A continuación, los Estados miembros que deseen volver a la hora de invierno podrían efectuar un último cambio de hora el domingo 27 de octubre de 2019. Eso quiere decir que los ciudadanos europeos cambiarán la hora todavía al menos dos veces: en octubre de este año y en marzo del que viene. Y en algunos casos también en octubre de 2019. Esa será la despedida definitiva en toda la Unión si no aparecen trabas imprevistas.

El país más septentrional de la UE, Finlandia, ha sido la más activa en la lucha por acabar con el cambio de hora. La resolución del Parlamento Europeo de febrero y la consulta pública en la que más de 4,6 millones de europeos se pronunciaron abrumadoramente a favor de terminar con esa práctica, han terminado por convencer a la Comisión de que no tenía sentido seguir manteniéndola.

La velocidad con que Bruselas, a veces una maquinaria burocrática poco engrasada, está haciendo avanzar este dosier, ha generado sorpresa. Pero niegan cualquier intención electoralista ante los comicios del próximo mes de mayo. “En ocasiones se nos acusa de haber ido demasiado lento, ahora se nos dice que vamos demasiado rápido”, ha lamentado la comisaria de Transportes Violeta Bulc. La política eslovena ve llegada la hora de terminar con el hábito de cambiar la hora. Alega que los ciudadanos lo critican por incómodo y por sus efectos negativos sobre la salud. Y ha recordado que ya no hay guerras ni crisis de petróleo como cuando se adoptó, y hoy existen formas más eficaces de ahorrar energía. “Son muchas las distorsiones que produce. Las vacas no saben por qué un día las ordeñan a una hora y el siguiente una hora más tarde”, ha puesto como ejemplo.

La Comisión da total libertad a los Estados para que elijan el horario que quieran de forma permanente. Su intervención se limita a prohibir los cambios de hora. Esa autonomía para situarse en el horario que deseen puede hacer que vecinos como Bélgica y Holanda decidan tener horarios diferentes, algo que ya sucede entre muchos otros vecinos de la UE como España y Portugal. Pero Bruselas espera que haya cierta cordura y en la negociación los Estados no opten por cambios drásticos. Está en juego el funcionamiento de los sistemas ferroviarios, de los vuelos o los intercambios comerciales.

Gobiernos como el español ya están inmersos en los trabajos para estudiar la solución más adecuada a sus intereses. El presidente Pedro Sánchez anunció hace dos semanas que el Ejecutivo crearía un comité de expertos para abordar las ventajas e inconvenientes de cada opción. Según algunas voces, España se sitúa ahora mismo fuera del huso horario que le corresponde por su posición geográfica. Políticos gallegos como la eurodiputada del BNG Ana Miranda han reclamado recientemente la vuelta al horario de Reino Unido y Portugal, pero regiones como la Comunidad Valenciana y Baleares opinan lo contrario: hace dos años firmaron una declaración institucional llamando a implantar de forma permanente el horario de verano en España.

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