Una fuerza europea contra las catástrofes naturales

El comandante Ioanniois tiene aún frescas en la retina las instantáneas de las llamas que el mes pasado devoraron los paisajes de la isla griega de Eubea, una reserva natural incluida en la Red Natura 2000. El incendio forestal fue la prueba de fuego de RescEU, un nuevo sistema diseñado por la Comisión Europea para responder a los desastres naturales, como los que se prevé que serán cada vez más comunes a causa del cambio climático. Desde devastadores fuegos hasta históricas inundaciones como las que la gota fría acaba de provocar en el Levante español. También se prevé que actúe en caso de terremotos.

«Cuando uno está tratando de extinguir el fuego, no hay tiempo para pensar. Es después del trabajo cuando empiezan a asaltarte las imágenes. En esos instantes, sólo quieres recoger agua cuanto antes en el punto más cercano, lago o mar, y descargarla sobre los incendios», relata a EL MUNDO el piloto, miembro de ‘Proteus’, un escuadrón del ejército heleno dedicado a luchar contra los estragos del fuego.

En agosto, en mitad de jornadas maratonianas y desalojos de cientos de vecinos de Eubea, tres aviones anfibios Canadair -dos procedentes de Italia y uno de España- acudieron a su auxilio. Aquella cooperación inauguró formalmente un sistema, aún en fase de construcción, que busca completar y mejorar la respuesta de la Protección Civil europea en tiempos de necesidad extrema.

«Cuando Grecia activó el mecanismo, inmediatamente se puso en marcha RescEU. Los expertos del centro de coordinación de respuesta a emergencias en Bruselas decidieron los medios que había que enviar. Los aviones italianos llegaron a Grecia cinco o seis horas después. El español, en 7 u 8 horas. Fue la respuesta más rápida que se recuerda», comenta el chipriota Christos Stylianides, a punto de abandonar el cargo de comisario europeo de Ayuda Humanitaria y Gestión de Crisis. La iniciativa también aspira a simplificar los procedimientos administrativos para reducir el tiempo de respuesta.

El proyecto comenzó a fraguarse en el verano de 2017, cuando los incendios no dieron tregua en Portugal. El que se originó en junio en el municipio de Pedrógão Grande calcinó cerca de 45.000 hectáreas y segó 65 vidas. «Entonces Europa falló a los portugueses. Los dejamos solos. No podemos permitir que desastres como el de Portugal se repitan», entona Stylianides.

Desde entonces, el comisario ha tenido que recorrer el largo trecho que supone convencer a los países más reticentes -«visité el 95 por ciento de los länder, en cuyas manos está la Protección Civil en Alemania», recuerda- y armar el primer presupuesto, de alrededor de 280 millones de euros.

CAPACIDADES NACIONALES DESBORDADAS

«Hoy contamos con una estructura piramidal de tres niveles: el primero es el que constituyen las capacidades y recursos nacionales; el segundo el ‘pool’ voluntario [la bolsa de equipos dispuestos a intervenir en caso de emergencias, inaugurada con la crisis del ébola en 2014]; y en la cúspide está RescEU, que se pone en marcha cuando nos enfrentamos a casos extraordinarios y las capacidades nacionales se hallan desbordadas», detalla el político chipriota.

De momento, solo siete países se han sumado al nuevo sistema. Francia, Italia, España, Suecia, Croacia, Grecia y Chipre se han enrolado en una iniciativa que, en palabras del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, «garantiza una sólida solidaridad con los Estados miembros golpeados por los desastres». La flota inicial, compuesta de 15 aparatos, resulta aún limitada: Croacia, Italia, Grecia y España han aportado dos aviones Canadair -cuyos tanques de agua tienen capacidad para 6 toneladas- mientras Francia ha aportado un Dash -con diez toneladas de capacidad- ; y seis helicópteros han sido cedidos por Suecia. Paradójicamente, Portugal -el país cuya traumática experiencia alentó la experiencia- no integra el mecanismo.

«Las adhesiones son lentas porque se requiere de una serie de procedimientos nacionales y cada país tiene su proceso», justifica Stylianides, confiado en que sus sucesores apostarán por un salvavidas en un mundo que padece ya las consecuencias del calentamiento global. El pasado año la Unión Europea recibió una decena de solicitudes de sus Estado miembro para proporcionar ayuda ante incendios o episodios de contaminación marina. Cerca de un centenar de personas perdió la vida en el continente por el fuego. Hace tres años los costes provocados por las catástrofes naturales ascendieron a 10.000 millones de euros.

«Hay países como Suecia que nunca habían sufrido un fenómeno como el de los incendios. No importa lo grande que sea el país y los recursos de los que disponga. Nadie puede tratar solo con los desastres naturales que se avecinan», advierte Stylianides.

Uno de los miembros del equipo griego durante la extinción del incendio de EubeaRescEU

En apenas una década los desastres relacionados con el cambio climático -desde inundaciones a tormentas e incendios forestales- dejarán en todo el planeta a 150 millones de personas necesitadas de ayuda cada año, según un informe de la Federación Internacional de la Cruz Roja publicado hace unos días. Los costes anuales serán de 29.000 millones de dólares (unos 26.500 millones de euros). Cada vez más frecuentes, impredecibles y destructivos, los fenómenos naturales precisarán de una asistencia en emergencias sin precedentes.

La Comisión -que ha reforzado en los meses previos a la temporada estival los equipos de vigilancia e intensificado los ejercicios de campo- premia a los países que se involucren en RescEU con la financiación del 90 por ciento del coste de la adquisición de los equipos y un 75 por ciento de los costes operativos -traslado y mantenimiento- durante el periodo de actuación del dispositivo, entre el 15 de junio y el 31 de octubre.

«Los países miembro son los que compran el equipamiento financiado por la Comisión», explica el chipriota. La contraprestación, sin embargo, es que, en caso de emergencia de otro Estado europeo y activación del programa, los equipos adheridos a RescEU tendrán que acudir obligatoriamente al lugar del desastre, si así lo determinan los expertos desde Bruselas. En agosto, esa eventualidad ya se cumplió. Con Gran Canaria sufriendo la tragedia de las llamas, un avión anfibio español enfiló la ruta hacia Grecia. «A pesar de los incendios devastadores en las islas Canarias, España aceptó la orden. Es un dato importante y me gustaría agradecerlo públicamente», subraya el comisario.

«Fue una ayuda muy necesaria. Cada vez más, tenemos que enfrentarnos a un número mayor de incendios», reconoce el comandante Ioanniois desde la base de Elefsina, a unos 18 kilómetros al noroeste de Atenas. «La cooperación fue fantástica. Hemos trabajado juntos en otras ocasiones», desliza. RescEU estará en pruebas hasta 2025 pero fuentes de la Comisión avanzan que trabajan ya en el diseño de una red de bases en la que estarán distribuidos los equipos «con el objetivo de ser más eficientes y estar más cerca de las zonas de riesgo».

DECISIONES TÉCNICAS, NO POLÍTICAS

«El mapa de emplazamientos no será una decisión política sino técnica y científica», arguye Stylianides, que considera la prevención y preparación «el pilar más importante». «Sin prevención, incluso comprando cientos de helicópteros y aviones, no podremos tratar con este problema. Sería una ilusión», admite.

Una arista que suscita las críticas de expertos como Joaquín Ramírez Cisneros, profesor de Ingeniería Agroforestal en Incendios, Hidrología y Caminos de la Universidad de León. «Tengo mis dudas de si la UE está a la altura. Los profesionales de los distintos países sí lo están», señala el fundador de Tecnosylva, una empresa que ha desarrollado una premiada aplicación para predecir la propagación y comportamiento de los frentes de incendios forestales.

«Hay buena voluntad y profesionalidad. Lo que falta es ser proactivo y no reactivo. Eso pasa por desarrollar la cooperación antes de la emergencia. Durante la misma, claro hay que hacerlo pero no marca la diferencia», alega Ramírez. Bruselas busca fortalecer la cooperación en la vigilancia de los riegos de desastres transfronterizos y el intercambio de información; incrementar el apoyo a las tareas preventivas a través de mecanismos de consulta, el envío de expertos y la elaboración de recomendaciones de seguimiento; y vincularlo con otras políticas europeas.

«UN MEDIO VIVO Y DINÁMICO»

«Todo pasa por que entendamos que vivimos en un medio dinámico y vivo, necesitado de intervención humana desde el momento en que vivimos y sufrimos en él. Hay que hacer gestión forestal primero; entender, luego, cómo vivir en equilibrio y dejar de ver el mundo rural como una parcela presentada de franjas aquí, bosques allá y parques nacionales más allá. Es un complejo que necesita de gestión para evitar episodios extremos», predica el experto universitario. «El grito de la España vaciada -recalca- es el de un territorio que reclama atención y gestión».

A los desafíos climáticos que ya nos azotan, RescEU promete proporcionar una respuesta recurriendo a la solidaridad y ajustada al ritmo de mejora de sus capacidades. Sus adalides prevén llegar a los 1.750 millones de euros en el próximo presupuesto comunitario.»En agosto aviones italianos y españoles vinieron a Grecia y cooperaron con nosotros. Es la Europa de la solidaridad que queremos. La que se ayuda cuando existe una necesidad», celebra el ministro griego de Protección Ciudadana Michalis Chrisochoidis. «Nos enfrentamos a catástrofes que no sufríamos hace unos años», agrega.

En lo que va de año, 288.147 hectáreas han ardido en el continente europeo, más del doble que la media de la última década. El fuego es la primera emergencia que socorre RescEU pero no la única. «El próximo paso es el campo médico y también los ataques químicos, biológicos, radiológicos y nucleares. En el futuro debe ser la respuesta común europea contra cualquier desastre natural», concluye Stylianides.

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