Necesitas una red de amistades casuales

Por Allie Volpe:

Cuando me despidieron en 2015, lo anuncié como hace todo buen milénial: con un mensaje en Twitter. Mi esperanza era que alguien en los límites de mi esfera social me informara de oportunidades potenciales.

Para mi sorpresa, la táctica funcionó.

Poco después de mi solicitud pública de empleo, la amiga de un amigo me envió un mensaje por Facebook en el que me avisaba de una vacante en su departamento. Después de tres rondas de entrevistas, esta conocida se convirtió en mi jefa (ahora es una de mis amigas más cercanas).

Imagínate a los padres que ves en la fila de la escuela para dejar a sus hijos. Tu cantinero favorito. Los otros dueños de perros en el parque. El sociólogo Mark Granovetter les llama a estas relaciones casuales «lazos débiles». De acuerdo con las investigaciones de Granovetter, estas conexiones no solo influyen en nuestras ofertas de empleo, sino que también pueden tener un impacto positivo en nuestro bienestar pues nos ayudan a sentirnos más conectados con otros grupos sociales. Otros estudios han demostrado que los lazos débiles pueden ofrecer recomendaciones (yo encontré a mi contador a través de uno de estos nexos) y darnos la posibilidad de sentirnos más empáticos. Las investigaciones también revelan que nuestras probabilidades de sentirnos menos solos aumentan.

Un estudio de 2014 descubrió que, mientras más lazos débiles tiene una persona (los vecinos, quien atiende la cafetería del barrio o los compañeros de una clase de bicicleta fija), más feliz se siente. Los investigadores descubrieron que mantener esta red de conocidos también contribuye a nuestro sentido de pertenencia a una comunidad.

(Jaime Jacob/The New York Times)

(Jaime Jacob/The New York Times)

En lugar de considerar estos pincelazos de socialización como interacciones desechables, cultivar relaciones de bajo riesgo puede generar dividendos. A continuación, te mostramos por qué debes intercambiar comentarios amables la próxima vez que veas un rostro amistoso cuando interactúas con el mundo.

El deseo de pertenecer y formar vínculos sociales es una necesidad humana básica, además del alimento, el sueño y la seguridad. No obstante, según un estudio de 2016, una vez que llegamos a los 25 años, la cantidad de amigos que tenemos alcanza su punto máximo y comienza a disminuir conforme pasa el tiempo. A medida que envejecemos y nuestras prioridades cambian de la liga de boliche después del trabajo a recoger a los niños después de las actividades extraescolares, mantener una agenda social ocupada se vuelve menos esencial. Entonces, permanecer comprometido socialmente es parte fundamental de la realización personal.

En su trabajo en el que analiza las interacciones sociales, Gillian Sandstrom, catedrática sénior de Psicología en la Universidad de Essex, descubrió que mantener una red de vínculos de bajo riesgo nos involucra más con nuestra comunidad, en especial después de mudarnos lejos de la familia y los amigos cercanos o después de la pérdida de un ser querido.

(Super Freak/The New York Times)

(Super Freak/The New York Times)

«Muchos pensamos que no vale la pena invertir tiempo en ese tipo de interacciones, que de ninguna manera pueden tener algún significado», afirmó Sandstrom. «Estamos concentrados en lo que sigue y no nos detenemos a disfrutar el momento».

Tomarnos unos minutos para involucrarnos con las personas que vemos regularmente o unirnos a un grupo (ya sea religioso, deportivo o con pasatiempos en común) ha demostrado aumentar nuestros niveles de satisfacción con la vida.

También es importante el lugar en el que te encuentras con tus conocidos. Escenarios como un bar o la fiesta de una empresa fomentan la interrelación con personas que quizá se encuentren en los límites externos de nuestros círculos sociales, según Nicholas Epley, un profesor de Ciencia Conductual en la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago.

«Muchos pensamos que no vale la pena invertir tiempo en ese tipo de interacciones, que de ninguna manera pueden tener algún significado».

No obstante, al cultivar amistades de bajo nivel en los lugares que frecuentamos, como la iglesia o las juntas de la asociación de padres de familia, podemos generar minirredes valiosas, comentó Miriam Kirmayer, una terapeuta y experta en la amistad.

«Podemos tener amigos o conocidos en distintos contextos que le agreguen significado a nuestra vida a su manera», dijo. «Tenemos algún conocido en el trabajo con el que nos identificamos y conversamos acerca de proyectos laborales o amigos que vemos cuando sacamos al perro a pasear. Es útil tener distintos tipos de personas en nuestra vida que nos brinden diversas clases de apoyo».

(Lars Leetaru/The New York Times)

(Lars Leetaru/The New York Times)

Ver a los conocidos fuera de sus contextos habituales también puede ayudar a fortalecer esas conexiones casuales y convertirlas en amistades genuinas. Un estudio de 2018 descubrió que las personas formaban una amistad «casual» después de pasar treinta horas juntas. Aunque una charla de veinte minutos con tu estilista afuera del salón de belleza está muy lejos de las decenas de horas necesarias, la interacción hará que cada vez tengan más cosas en común.

Jeffrey Hall, un profesor asociado de Estudios de Comunicación en la Universidad de Kansas, afirmó que si las conversaciones con nuestros conocidos son significativas, podemos esperar sentir un grado de satisfacción similar al que nos deja hablar con un amigo cercano.

«¿Las personas suelen reservar las interacciones más significativas de su día para sus seres queridos más cercanos? Sí. ¿Las personas pueden construir una relación cercana con alguien y sentirse bien al respecto si actúan de forma significativa? Sí», dijo Hall.

Tener al menos unos cuantos conocidos puede conectarnos con un círculo de personas mayor, lo cual es fantástico para quienes buscan trabajo. Incluso si nuestros amigos quieren ayudarnos a buscar trabajo, estos lazos débiles con frecuencia son los que amplían el campo de la búsqueda de empleo, explicó Sandstrom.

(Super Freak/The New York Times)

(Super Freak/The New York Times)

«La gente que conocemos y que es muy cercana a nosotros suele saber las mismas cosas que nosotros, por lo que nuestra información no se amplía», dijo Sandstrom. «El punto es que tenemos más cosas que aprender de quienes no conocemos tan bien».

Interactuar de forma regular con personas que tienen experiencias distintas a las nuestras nos permite ser más conscientes de las circunstancias de los demás, de acuerdo con Epley. A su vez, esto genera empatía. Como lo demuestran las investigaciones, hay mayores probabilidades de que las personas recurran a sus pares más empáticos en busca de consuelo.

Sin embargo, no necesariamente estamos programados para los encuentros casuales significativos. En sus investigaciones, Epley descubrió que las personas a menudo disfrutaban de entablar conversaciones con extraños cuando se dirigen a su trabajo, pero que no era probable que lo hicieran porque creían que el viaje sería más placentero en silencio o asumían que a la otra persona no le parecería interesante la conversación.

Aun así, las amistades de bajo riesgo tienen mucho que ofrecer; enterarse de la información sorprendente de los personajes habituales de nuestra vida (descubrir que tu vecino es un bailarín consumado, por ejemplo) puede añadir un poco de emoción a tu día.

«Es bueno ponerles sabor a las cosas», dijo Sandstrom.

¿Quieres deleitarte con toda una gama de amigos casuales? A continuación te contamos cómo puedes sacar el mayor provecho de estas relaciones.

Date permiso de hablar con rostros conocidos. Sandstrom les dice a los participantes de sus estudios que hablen con una persona nueva cada semana. «Creo que la gente necesita saber que está bien», comentó. «Cuando les das a las personas permiso de hablar y lo hacen, lo disfrutan».

(Adam Simpson/The New York Times)

(Adam Simpson/The New York Times)

Cambia tus actitudes. Puesto que las investigaciones sugieren que hablar con extraños es una experiencia placentera y nos deja una sensación de plenitud, no hay razón para hacer muecas cuando tu conductor de Uber inicia una conversación contigo. Al cambiar tus expectativas respecto al nivel de disfrute que proveen estas conversaciones (tanto para ti como para la otra persona), hay más probabilidades de que te involucres en ellas.

Imita la conducta de un experto. Cuando era niña, Sandstrom vio a su padre interactuar casi con todas las personas que se encontraba. De adulta, adoptó algunos de sus hábitos conversacionales para hablar con conocidos. ¿Tienes amigos que inician conversaciones con todo el mundo en un bar? Obsérvalos. ¿Cómo empiezan el intercambio? ¿Qué preguntas formulan? ¿Qué temas evitan? (Para más información al respecto, aquí te proporcionamos algunos consejos sobre cómo tener mejores conversaciones).

Haz que las conversaciones sean significativas. Si tu objetivo es que estas amistades de bajo riesgo evolucionen hasta convertirse en algo más significativo, es importante que estos intercambios sean de alta calidad, dijo Hall. «Cuando tenemos esa sensación de conexión con alguien, se acelera el proceso por medio del cual procuramos actuar para crear una amistad más profunda».

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