Luigi’s Mansion 3, o por qué el hermano de Mario es mucho más que eso

Luigi’s Mansion 3 es la tercera entrega de una saga de videojuegos secundaria para Nintendo, tanto como su protagonista, el hermano de Mario. Es un juego que nació más como una gracieta, porque, jaja, ¿y si el secundón protagonizara un juego? Es un chiste que no parece que pudiera alargarse tanto como Nintendo lo ha hecho, pero vaya, cuánto me alegro de que así haya sido.

Apenas dos semanas antes de que se lance Death Stranding y cuatro antes de que lo hagan los nuevos juegos de Pokémon, os pido por favor que no perdáis de vista a Luigi’s Mansion 3 porque, aunque le cuesta un poquito arrancar, es un juego fantástico con un apartado gráfico precioso, un desarrollo bastante más cuidado que sus antecesores y cambios suficientes para que, alguien como yo que jugó los anteriores sin darles demasiada importancia, ahora mismo crea que es uno de los títulos del año.

Esto es así porque llega un momento, cuando llegas a la quinta planta del nuevo hotel que sirve como ‘mansión’ en este juego, que Luigi’s Mansion 3 pega tal salto de calidad que, para cuando quieres darte cuenta y asientas lo bueno que es, ya estás metido hasta las trancas en él y casi en el final del juego. Ojo, que no es así porque sea corto: lo que pasa es que es tan bueno que no paras de jugar.

Parte de esto lo consigue el asombroso apartado gráfico. Aunque es un juego de pasillos, entornos pequeños y claustrofobia, el mimo con el que están diseñados los puzles, la plasticidad de los gráficos y la calidad de las animaciones hace que el oscuro hotel no se vuelva repetitivo y que familiaridad de los entornos tras tres juegos de la saga no supongan un gran problema.

Y aunque su fórmula sigue siendo la misma, la de buscar fantasmas y derrotarlos usando un aspirador de alta tecnología y mil veces mejorado por el Profesor Fesor, hay nuevos detalles de estilo y nuevas maneras de jugar. La más importante, el Gomiluigi, un Luigi hecho de un extraño líquido que, si bien tiene el agua como gran enemigo, está pensado para explorar lo escenarios y resolver puzles de una nueva manera más ingeniosa.

Es una clásica vuelta de tuerca de Nintendo: recrea al personaje que ya conoces con nuevos límites y nuevas habilidades para así ponerte nuevos retos. Cada traje de Mario en los juegos de Super Mario obedece un poco a este principio, y el Gomiluigi funciona a las mil maravillas por haber sido concebido de igual manera.

Pero a diferencia de los juegos del fontanero de gorra roja, donde se valora más la habilidad a los mandos, en Luigi’s Mansion 3, como en los anteriores, se te anima a ser un jugador curioso. Ya sea buscando gemas escondidas o aspirando hasta el último rincón de cada mugrienta habitación del hotel, perderse un poco puede tener su recompensa.

Ojalá el modo multijugador de Luigi’s Mansion 3 diera para más, porque a mi novia le hubiera gustado jugar más conmigo mientras terminaba la aventura principal. Hay un modo para jugar con hasta ocho jugadores y derrotar fantasmas, de manera local u online, en niveles cada vez más difíciles. Y también hay tres minijuegos de acción rápida y sencilla, pero no son gran cosa.

No puedo decir que tener un multijugador pobre suponga un problema en Luigi’s Mansion 3 porque es un juego encantador e ingenioso como pocos hoy en día, más en el espíritu de estos pequeños juegos independientes que hoy en día han tomado las videoconsolas del mundo que propios de una gran empresa como Nintendo que necesita complacer al mainstream.

A Luigi le pega mucho ser ese verso suelto que, sin embargo, todo el mundo recita cuando puede. Tras 20 años, pero sólo tres entregas, me alegra mucho que Nintendo siga apostando por este tipo de juego que se apoya más en el ingenio y el buen diseño de niveles que en los gráficos de infarto o las horas de duración. Irónicamente, Luigi’s Mansion 3 también podría presumir de estas dos cosas si quisiera.

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