Los desechos plásticos son el lado desagradable de la industria cosmética

Por Alexis Benveniste y Emily Chasan:

Los productos de salud y belleza buscan ser agradables desde el punto de vista estético.

Es una categoría en la que la presentación es tan importante como los ingredientes a la hora de destacar. También es una industria con una ventaja incorporada ya que lucir más joven, oler mejor o simplemente no tener mal aliento son aspiraciones que se venden solas. Añada la omnipresencia de su publicidad y el resultado es uno de los más sectores confiables de crecimiento.

Sin embargo, toda esa presentación y todo ese crecimiento implica una gran cantidad de desechos.

Cada año, se producen 120.000 millones de unidades de empaques de cosméticos, la mayoría para ser usados solo una vez. Los contenedores vacíos suelen ser demasiado pequeños para el reciclaje y los artículos de materiales mixtos terminan directamente en un relleno sanitario. Asimismo, muchos productos de belleza no se usan, acumulan polvo y finalmente terminan en la basura, reemplazados por productos nuevos.

De acuerdo con el LCA Centre, un grupo con sede en Países Bajos que estudia el impacto ambiental de los envases, alrededor del 70 por ciento de las emisiones de carbono atribuibles a la industria podrían eliminarse si las personas simplemente usaran contenedores recargables o reutilizables.

Mientras algunas marcas de salud y belleza pequeñas han intentado capitalizar esta dinámica al promocionarse como opciones ecológicas, los actores más grandes del sector se mueven con más lentitud. Puede que eso esté a punto de cambiar.

The Body Shop anunció hace poco la compra de cientos de toneladas de plástico reciclado de India; Beautycounter, una compañía de cuidado personal y maquillaje respaldada por TPG Growth, informó que planea contar con un producto de belleza recargable en los próximos seis meses; y Procter & Gamble participa en un programa de prueba en el cual los consumidores utilizan recipientes recargables para una variedad de productos para el hogar.

El miércoles, la marca de cuidado de la piel Olay, propiedad de P&G, fue más allá. La compañía lanzará un producto recargable como parte de un programa piloto limitado, que usa su exfoliante hidratante como un conejillo de indias. Olay añadió que ha vendido aproximadamente 1,26 millones de unidades de Olay Regenerist Whip solo en Estados Unidos y cifras de ventas de Nielsen muestran que fue el producto número uno para el cuidado de la piel el año pasado.

Anitra Marsh, directora asociada de sustentabilidad de P&G Beauty, señaló que el producto es óptimo para la prueba por el grupo demográfico de compradores: mujeres veinteañeras y treintañeras que pueden estar más preocupadas por el impacto ambiental de lo que compran. Otras grandes marcas, como Aveda con sus polveras recargables, también han ingresado de puntillas a la lucha por el cuidado del medioambiente.

El objetivo «es tener más productos que sean reciclables, reutilizables y recargables», explicó Marsh. Chris Heiert, vicepresidente para Norteamérica y global de Olay, comentó que si bien la compañía quiere eliminar los desechos plásticos, el programa depende de la recepción de los consumidores. «Si el consumidor decide que le gusta esta tecnología de cápsulas recargables, podemos ampliar la escala y marcar una diferencia significativa en la reducción de residuos plásticos», indicó.

Las marcas más pequeñas están un paso adelante o, en el caso de by Humankind, totalmente enfocadas en los productos recargables. La marca online solo vende artículos de belleza y salud respetuosos con el medio ambiente en empaques reciclables, que incluyen tabletas de enjuague bucal (que se disuelven en un vaso de agua, sin botella), desodorante recargable (las recargas vienen en cápsulas de papel) y barras de champú (también sin botella).

Brian Bushell, cofundador, detalló que la compañía está «combatiendo la crisis mundial del plástico de uso único en todas nuestras categorías de productos». El sistema de recarga de papel de su desodorante elimina cerca del 90% del plástico de uso único asociado con dispensadores de desodorantes comunes, complementó.

También hay otro aspecto de la huella de carbono de la industria de la salud y la belleza que ha provocado una respuesta en línea. Ya sea obra del marketing potente o algo más, los productos de belleza no utilizados tienden a acumular polvo en casa conforme los consumidores compran artículos nuevos. De hecho, un 80% de los productos comprados no se usan activamente, según una investigación de Olay. El problema se ha agudizado tanto que ha desencadenado un movimiento en redes sociales para usar todo el contenido de productos de belleza antes de comprar otros nuevos.

Parece que la conciencia sobre el medioambiente llegó finalmente a la industria del maquillaje.

«Los consumidores desean maneras de tomar decisiones más responsables», afirmó Bushell. «No solo para ellos mismos, sino también para nuestro planeta».

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